Más vigente que nunca: El pensamiento revolucionario de Karl Marx a 200 años de su nacimiento

Más vigente que nunca: El pensamiento revolucionario de Karl Marx a 200 años de su nacimiento

Autor: Jonathan Bidwell Boitano, miembro de Red de Estudios Nueva Economía.

A propósito de la conmemoración del bicentenario del nacimiento de Karl Marx, resulta fundamental que quienes aspiramos a una sociedad libre de toda miseria y opresión, en la que las necesidades humanas sean satisfechas a cabalidad bajo la dirección planificada y consciente del pueblo, recuperemos la obra de este gran teórico y revolucionario. Esto, porque para eliminar de raíz los problemas debemos ser capaces de comprender, en primer lugar, cómo estos son producidos en la realidad y de qué manera obedecen a relaciones sociales específicas que aseguran su reproducción: precisamente de esto se trata el legado de Marx.

En la sociedad burguesa contemporánea la relación social de producción dominante es la que se establece entre capital y trabajo. En toda sociedad de clases, existe una clase que trabaja, la clase dominada, y cuyos productos son apropiados y distribuidos por la clase dominante. La sociedad burguesa es la forma más desarrollada de una sociedad de clases. La clase capitalista actualmente es dueña de todos los medios que posibilitan nuestra subsistencia y sin los cuales no podemos trabajar para vivir: naturaleza, materias primas, instrumentos de trabajo, maquinaria y tecnología. La clase trabajadora, por otro lado, solo es dueña de su capacidad de trabajo, ya que ha sido completamente despojada del resto. Y si ahora podemos consumir los productos de nuestro trabajo, esto se debe a que previamente hemos tenido que subordinarnos ante el interés del capitalista, encarnado en el burócrata estatal y el empresario privado, cuyo fin es obtener dinero mediante la explotación del trabajo ajeno.

El trabajo como actividad humana ha sido condición necesaria para la vida desde los inicios de la historia. Este trabajo expresado en la agricultura, pesca, minería, pastoreo, alfarería y trabajo doméstico, conforma la base material sobre la cual se han erigido todas las culturas. Y si este trabajo primero fue organizado comunitariamente y para las necesidades de la propia comunidad, derivó después en una organización y distribución desigual de sus frutos para las necesidades de otros. Así los productos de este trabajo se fueron trasformando en mercancías, intercambiadas en mercados a través del oro y la plata, a través de dinero mundial.

El capital despojó al trabajo de todos los atributos heredados de relaciones sociales previas: prisioneros de guerra, esclavos, siervos, pequeños campesinos; todos paulatinamente fueron convertidos en trabajadores asalariados y una masa sobrante de pobres. Sin embargo, se sirve aún de culturas anteriores, como el patriarcalismo, para distribuir ciertos trabajos (como el doméstico) y dinero entre sexos y personas de diferentes naciones.

El capital toma como punto de partida la existencia de mercancías y la capacidad de trabajo como otra mercancía más. Toma el dinero como medida histórica del tiempo de trabajo necesario en una sociedad para producir mercancías, como medio para hacer circular estas mercancías y como medio de pago de relaciones sociales que tienen un precio. Marx desarrolló el concepto de valor para referirse a estos tiempos de trabajo indiferenciados intercambiados en el mercado y que satisfacen necesidades sociales. El dinero es una medida del valor. Sin embargo, no todo lo que tiene precio tiene valor, como el arriendo de una vivienda. Esto hace que fluya tiempo de trabajo social hacia el dueño de la vivienda sin que este tenga que dar tiempo de trabajo social a cambio.

El resultado del proceso de producción capitalista es dinero en una cantidad mayor que el dinero empleado inicialmente en la compra de mercancías. Al ser la producción en realidad un proceso de trabajo, los trabajadores emplean trabajos pasados (materias primas, maquinaria, instrumentos) y, mediante su trabajo vivo y presente, general, al final del proceso más trabajo necesario social, expresado en mercancías de todo tipo, pero con mayor valor incorporado. Este mayor valor creado después de la jornada laboral Marx lo denomina plusvalor. El capital es, pues, valor que se valoriza a sí mismo mediante el trabajo vivo. Sin él no es nada. El resultado del proceso de producción capitalista es el plusvalor.

El trabajador recibe a cambio de su trabajo vivo el valor de su capacidad de trabajo, es decir, recibe el tiempo de trabajo necesario para reproducir su capacidad laboral. Esto implica recibir el salario mínimo indispensable para que, junto a los demás miembros que trabajan en su hogar pero que no reciben salario, puedan consumir mercancías, mantener el hogar, y reproducirse generación tras generación, ampliando la población dispuesta a vender nuevamente su capacidad de trabajo a cambio de su subsistencia.

Así como la clase trabajadora compite entre sí por recibir salarios, desmoralizándose, la clase capitalista industrial y comercial compite entre sí por obtener ganancias, y estos con el capital dinerario que recibe intereses. La competencia actual se da a escala global en una guerra de precios, que obliga a los capitalistas a innovar tecnológicamente para aumentar la productividad del trabajo, vender mercancías a menor valor que el socialmente necesario en un periodo determinado y obtener así plusvalía extraordinaria. Cuando todos los capitalistas industriales hacen lo mismo se reduce el tiempo de trabajo socialmente necesario para reproducir a la clase trabajadora, aumentando la explotación y la acumulación de plusvalor. A pesar de existir inflación, los precios de las mercancías de los capitales más adelantados tecnológicamente se elevan menos que los precios de las mercancías de los capitales más atrasados. Esta creación incesante de mercancías relativamente más baratas sobrepasa en ocasiones su demanda real, lo que genera crisis recurrentes de sobreproducción. Por otro lado, la especulación generada en el capital comercial, con precios altamente volátiles y alejados del valor real de las transacciones realizadas, conduce a burbujas y crisis comerciales que desestabilizan temporalmente la actividad económica, redistribuyendo plusvalor entre capitales, pero sin alterar estructuralmente las relaciones de explotación y acumulación capitalista en su conjunto.

La producción capitalista reproduce a escala creciente la relación entre el capital y el trabajo, mercantiliza esferas de la producción que aún no habían entrado en el circuito del capital, produce renovadamente una masa de asalariados y una masa sobrante de pobres y desempleados, que sobran en la medida en que no sirven a la acumulación del capital. La competencia capitalista traspasa toda frontera nacional y somete a su lógica económica toda relación de dominación pasada, como entre imperio y colonias, centro y periferia, países adelantados y atrasados, monopolios y cárteles, capitales financieros y capitales industriales. No son los países los que se atrasan por culpa de otros, sino que son los capitales existentes en el país los atrasados, puesto que no logran mejorar la productividad del trabajo, perdiendo en la competencia por precios frente a los capitales más adelantados. Son atrasados en la medida en que no reinvierten productivamente su plusvalor. Los capitales más poderosos hoy en día poco tienen que ver con las fuerzas militares del país donde provienen. La producción e intercambio de mercancías se encuentra plenamente integrada a escala planetaria, con procesos de producción descentralizados, insumos provenientes de todos los rincones del mundo, capitales extranjeros instalados en un país y libre comercio entre las naciones. Solo se libra una guerra militar si esta asegura la existencia de mercados donde poder vender mercancías y asegurar la acumulación de capital.

¿Cómo explicar el atraso de Corea del Norte a pesar de contar con una de las mayores fuerzas militares del mundo? ¿O cómo explicar el hambre y miseria que vive hoy Venezuela recurriendo a tesis imperialistas a pesar de que es un país plenamente capitalista y que uno de sus principales compradores de petróleo es Estados Unidos? ¿Cómo explicar que Estados Unidos sea deudor neto y China acreedor neto de su deuda? La respuesta no se encuentra en las dicotomías antes mencionadas, sino en cómo desarrollan sus fuerzas productivas y si pueden o no reproducir sus capitales a escala ampliada. Es una ley objetiva. Bastaba con una baja del precio del petróleo en la guerra de precios con los demás productores de petróleo para desatar la crisis económica venezolana. Si la caída de la demanda desde China contribuyó a la sobreproducción, ¿significa que el imperio se trasladó desde Estados Unidos a China? Si el capital financiero es el que domina a nivel mundial, ¿por qué no obtiene ganancias sistemáticamente más elevadas que los capitales industriales?

La concentración creciente de la riqueza por parte del capital, la precarización de las condiciones de vida de la masa de explotados, el desempleo, el daño medioambiental, etc., son fenómenos que obedecen a la relación social entre capital y trabajo en todo el mundo. Cualquier gobierno que se declare progresista pero que conserve o intensifique la propiedad privada o estatal de los medios de producción, reprimiendo cualquier intento de control por parte de los trabajadores sobre la producción, no es progresista, sino un gobierno burgués, venga de donde venga. La lucha no es contra el neoliberalismo o el imperialismo sino contra el capital.

Todo esto es Marx. Por eso es tan fundamental que la izquierda recupere su pensamiento.

“La emancipación de la clase oprimida implica, pues, necesariamente la creación de una sociedad nueva. Para que la clase oprimida pueda liberarse, es preciso que las fuerzas productivas ya adquiridas y las relaciones sociales vigentes no puedan seguir existiendo unas al lado de otras. De todos los instrumentos de producción, la fuerza productiva más grande es la propia clase revolucionaria. Mientras tanto, el antagonismo entre el proletariado y la burguesía es la lucha de una clase contra otra clase, lucha que, llevada a su más alta expresión, implica una revolución total. Por cierto, ¿puede causar extrañeza que una sociedad basada en la oposición de las clases llegue, como último desenlace, a la contradicción brutal, a un choque cuerpo a cuerpo? Solo en un orden de cosas en el que ya no existan clases y antagonismo de clases, las evoluciones sociales dejarán de ser revoluciones políticas. Hasta que ese momento llegue, en vísperas de toda reorganización general de la sociedad, la última palabra de la ciencia social será siempre: «Luchar o morir; la lucha sangrienta o la nada. Es el dilema inexorable».”

(Karl Marx, Miseria de la filosofía)

“Tiemblen, si quieren, las clases gobernantes, ante la perspectiva de una revolución comunista. Los proletarios, con ella, no tienen nada que perder, como no sea sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo entero que ganar.

“¡Proletarios de todos los Países, uníos!”

(Karl Marx, Manifiesto del partido comunista)

 

No hay comentarios

Agregar comentario